viernes, 31 de agosto de 2007
POR MI CULPA, POR MI CULPA, POR MI GRANDE CULPA
(*/El dolor absorbe todas nuestras energías y, hasta que lo manejemos con éxito o ya no podamos soportarlo, somos capaces de andar por nuestros caminos, de volver a amarnos a nosotras mismas y a los demás/*)
Detrás de una victima encontramos a un ser humano con miedo de enfrentar su realidad. Las víctimas, para existir, deben tener un victimario, un chivo expiatorio, y cuantos más sean pues mejor, así tendrán más recursos para esconder temores y fracasos. Los victimarios más comunes se encuentran entre aquéllos más cercanos a nosotras, son aquéllos a quienes decimos amar y hacer la razón de nuestra existencia, y al mismo tiempo los convertimos en causantes de nuestras pesadas cargas. Sin nuestros victimarios la vida perdería sentido porque los actos frecuentemente “heroicos” de una víctima no encontrarían sustento ni justificación alguna.Las perseguidoras son las que dictan lo que es correcto y lo que es erróneo, los jueces implacables que desnudan con su mirada y descuartizan con sus palabras, persiguen el poder y el control de situaciones y personas. Su deseo principal es que tu pienses, sientas y actúes como ellas creen que es bueno, y quien no lo haga será automáticamente descalificado o castigado.Las rescatadoras son las personas que quieren cuidar a todo el mundo. Las que siempre quieren ayudar a los demás en algo, y terminan desvalorizando la capacidad de los otros. Son personas que se preguntan sin cesar: ¿Cómo puedo ser útil en esta situación?, o ¿Qué podré hacer por esta persona?. Es una catedrática en la adjudicación de problemas ajenos, generalmente no ve los propios o los abandona para resolver los de otros, ya que esto le resulta menos doloroso y comprometedor.Las víctimas son personas que hacen de su vida una serie de incapacidades. Su vida es el resultado de las acciones de los demás y no logran asumir la responsabilidad de sus propios actos. Su vida la acompaña una enorme sábana para llorar y llorar, pues sin su dolor no vale la pena vivir. Generalmente se sienten impotentes.Las víctimas suelen ser chantajistas y cargan consigo un libro donde contabilizan las deudas que los demás tienen para con ellas. Suelen decir a casi todos que sí, aunque de inmediato canalizan su pensar en alguien más por el compromiso que voluntariamente adquirieron, por todos esos favores que van a realizar y cuyo resultado será un mayor cansancio, una pérdida de tiempo e incluso de dinero.Detrás de cada víctima existe un profundo miedo al desamor, al rechazo, a la critica y al crecimiento personal. Un miedo a la construcción de la felicidad, al ejercicio de la libertad y, evidentemente, a la responsabilidad. Un miedo a vivir con plenitud e intensidad.Hay personas dedicadas exclusivamente a preocuparse. Se preocupan cuando se sienten mal y se preocupan cuando se sienten bien, no vaya a ser que el bienestar dure muy poco. Sin eso no pueden vivir. El contenido de la preocupación es menos importante que el hecho de preocuparse.Las personas adictas a la tristeza y al sufrimiento rechazan todo aquello que les pueda traer alegría; tal parece que rehuyen la felicidad. Cuando no hallan ningún pretexto que las entristezca, lo inventan, pero jamás darán el aspecto de que les va bien o de que tienen por qué alegrarse. Ahí va la mujer con un costal de piedras cargado en la espalda y cumpliendo con su misión de arrastrar la vida en lugar de vivirla.
Detrás de una victima encontramos a un ser humano con miedo de enfrentar su realidad. Las víctimas, para existir, deben tener un victimario, un chivo expiatorio, y cuantos más sean pues mejor, así tendrán más recursos para esconder temores y fracasos. Los victimarios más comunes se encuentran entre aquéllos más cercanos a nosotras, son aquéllos a quienes decimos amar y hacer la razón de nuestra existencia, y al mismo tiempo los convertimos en causantes de nuestras pesadas cargas. Sin nuestros victimarios la vida perdería sentido porque los actos frecuentemente “heroicos” de una víctima no encontrarían sustento ni justificación alguna.Las perseguidoras son las que dictan lo que es correcto y lo que es erróneo, los jueces implacables que desnudan con su mirada y descuartizan con sus palabras, persiguen el poder y el control de situaciones y personas. Su deseo principal es que tu pienses, sientas y actúes como ellas creen que es bueno, y quien no lo haga será automáticamente descalificado o castigado.Las rescatadoras son las personas que quieren cuidar a todo el mundo. Las que siempre quieren ayudar a los demás en algo, y terminan desvalorizando la capacidad de los otros. Son personas que se preguntan sin cesar: ¿Cómo puedo ser útil en esta situación?, o ¿Qué podré hacer por esta persona?. Es una catedrática en la adjudicación de problemas ajenos, generalmente no ve los propios o los abandona para resolver los de otros, ya que esto le resulta menos doloroso y comprometedor.Las víctimas son personas que hacen de su vida una serie de incapacidades. Su vida es el resultado de las acciones de los demás y no logran asumir la responsabilidad de sus propios actos. Su vida la acompaña una enorme sábana para llorar y llorar, pues sin su dolor no vale la pena vivir. Generalmente se sienten impotentes.Las víctimas suelen ser chantajistas y cargan consigo un libro donde contabilizan las deudas que los demás tienen para con ellas. Suelen decir a casi todos que sí, aunque de inmediato canalizan su pensar en alguien más por el compromiso que voluntariamente adquirieron, por todos esos favores que van a realizar y cuyo resultado será un mayor cansancio, una pérdida de tiempo e incluso de dinero.Detrás de cada víctima existe un profundo miedo al desamor, al rechazo, a la critica y al crecimiento personal. Un miedo a la construcción de la felicidad, al ejercicio de la libertad y, evidentemente, a la responsabilidad. Un miedo a vivir con plenitud e intensidad.Hay personas dedicadas exclusivamente a preocuparse. Se preocupan cuando se sienten mal y se preocupan cuando se sienten bien, no vaya a ser que el bienestar dure muy poco. Sin eso no pueden vivir. El contenido de la preocupación es menos importante que el hecho de preocuparse.Las personas adictas a la tristeza y al sufrimiento rechazan todo aquello que les pueda traer alegría; tal parece que rehuyen la felicidad. Cuando no hallan ningún pretexto que las entristezca, lo inventan, pero jamás darán el aspecto de que les va bien o de que tienen por qué alegrarse. Ahí va la mujer con un costal de piedras cargado en la espalda y cumpliendo con su misión de arrastrar la vida en lugar de vivirla.
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LA SOLEDAD ARREMOLINA O BARRE
MI VIDA
¿DE ESTO QUIÉN SE ACUERDA?
Realidad o Sueño??
La muerte no es la mayor tragedia de la vida.
La mayor tragedia es la despersonalización:
la muerte en una tierra extraña y estéril,
enajenados del alimento espiritual
que proviene de la capacidad de alcanzar una mano amiga,
extrañados del deseo de experimentar las cosas
que hacen que la vida valga la pena ser vivida,
mutilados de la esperanza....
La mayor tragedia es la despersonalización:
la muerte en una tierra extraña y estéril,
enajenados del alimento espiritual
que proviene de la capacidad de alcanzar una mano amiga,
extrañados del deseo de experimentar las cosas
que hacen que la vida valga la pena ser vivida,
mutilados de la esperanza....
Amarte en silencio
llorar sin decir nada....
Perderme en tu mirada
sentir que ya no has prisa
se me enamora el alma
llorar sin decir nada....
Perderme en tu mirada
sentir que ya no has prisa
se me enamora el alma
Contigo es mas facil..
Aprendi a creeer en ti
aprendi a quererte más.
No importa lo que pase
amor!!!!!!!!!
me muero si no estas.
Aprendi a creeer en ti
aprendi a quererte más.
No importa lo que pase
amor!!!!!!!!!
me muero si no estas.
NO PUEDO VIVIR SIEMPRE SOÑANDO
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